Del avatar en 3D | Iván Rodrigo Mendizábal

avatar

Fotogramas del film Avatar de James Cameron

Por Iván Rodrigo Mendizábal

De la película de James Cameron, “Avatar”, se dice que es la mejor película del año. Mucho marketing, relaciones públicas y publicidad ha hecho que la opinión de la gente se vuelque, en efecto, a admirarla. Y con razón, pues lo que pesa en la película es la gran inversión en efectos digitales, en animatronics y, particularmente, el que haya esperado casi 14 años para que pueda ser producida en 3 dimensiones, pero no al estilo del 3D clásico, sino el digital. A ello se debe sumar una historia de corte militarista con mucha acción y adrenalina. El resultado es una película que tiene todos los ingredientes para ser exitosa en el mercado.

3D PARA ESPECTADORES

Y en verdad “Avatar” en el género de la ciencia ficción, se justifica en 3D. Pues si aquélla basa algunos de sus planteamientos en la creación de mundos fantásticos, más si tales mundos son lejanos a nuestro planeta, el 3D es la tecnología aliada si se piensa que, como se la presenta hoy, inmersiva, puede llevarnos directamente a esos mundos.

El 3D basa su principio en la estereoscopía, fenómeno visual que depende de la visión con los dos ojos: lo que vemos, en efecto, es una realidad en tres dimensiones; cada ojo vería así la realidad desde un ángulo ligeramente diferente al otro. Descubierto por la ciencia en el siglo XIX dio pie, en los albores de la fotografía y el cine, a que muchos inventores empezasen a explorar las posibilidades esteroscópicas en la tecnología. Producto de tales experimentos, las primeras películas en 3D aparecieron hacia 1915. Sin embargo, recién en la década de 1950 las grandes productoras se interesaron por el cine en 3D adoptándolo como medio para enfrentar el impacto de la televisión: el 3D y otros desarrollos tecnológicos pronto fueron el enganche para atraer al público a las salas. Directores afamados como Alfred Hitchcock o actores de moda como John Wayne y géneros como la ciencia ficción, el cine de terror e incluso el film erótico, fueron quienes aprovecharon su desarrollo.

El fundamento del cine 3D ha sido siempre el de desplazar ligeramente las imágenes. A ojo desnudo, la imagen vendría a ser borrosa con los colores básicos desfasados. Pero los lentes anaglifos de antaño, hechos de cartón y papel trasparente, rojo y azul, permitirían a las audiencias a “adentrarse” en la trama. Hoy el esquema prevalece modificado por las posibilidades digitales, donde los lentes son unos opacos dispositivos que “corrigen” visualmente nuestros ojos.

“AVATAR”

Dadas las posibilidades del digital era necesario filmarse Avatar en 3D. Quizá porque el director estaba pensando que el verdadero protagonista del film vendría a ser el espectador. No es que se trata sólo de un artificio, el digital, para disfrutar mejor la película, sino de un inteligente recurso ligado a la acción de la trama. Si el espectador es el protagonista, en realidad aquél tendría su avatar en la película. De eso se trata, el film nos lleva a tener una experiencia vital en la historia y de estar inmersos en su desarrollo. Este juego tecnológico resulta curioso, empero, pues si los invasores de una pacífica y ecológica vida de unos seres de otro planeta somos nosotros, entonces Cameron está lanzándonos en nuestra cara la realidad de una mentalidad colonialista, imperialista y poco respetuosa del derecho de los demás, incluida su vida.

Bajo esta perspectiva, en efecto, “Avatar” cuenta cómo una corporación invade un planeta con el fin de extraer sus recursos minerales, para lo cual se sirve de un ejército mercenario. Un soldado y una científica que se valen de sus avatares -es decir, de cuerpos dirigidos a voluntad en los que implantan su ser-, para introducirse en el mundo indígena, pronto se dan cuenta que su modo de vida interconectado no puede ser destruido. En esta medida entonces ayudan a combatir al poderoso invasor. El soldado termina tomando el cuerpo de su avatar para vivir dentro de la comunidad.

Al ser nosotros los comandantes de avatares, como espectadores, ante la embestida furiosa y terrible del ejército invasor, del cual formaríamos parte, la película nos obliga a tomar partido por el oprimido. La fábula de “Avatar” claramente señala la política republicana de los EE.UU., más aún si se tiene en cuenta la invasión a Irak, además del corporativismo militarista que le habría sustentado. A la moda de los nuevos “socialismos”, Cameron pretende demostrar que todavía prevalece el humanismo de los demócratas norteamericanos.

Pero sería falso decir que “Avatar” es un film de avanzada, una película socialista o humanista en el sentido completo de la palabra. Por ejemplo, ni siquiera se le podría comparar con la denuncia de la locura de Vietnam como lo fue “Apocalypse Now!” de Francis Ford Coppola. “Avatar”, a nivel de denuncia es nada; incluso es incompleta en su lectura de esa “ecología política” que parece sugerir en el argumento; aunque sí es clara respecto a la mentalidad militarista que se divierte a la guerra con tecnologías de punta pero sin desnudar del todo su brutalidad.

El corolario, gracias a los efectos especiales, gracias al 3D, a su capacidad identificatoria con el avatar, a su inmersibilidad, es que el espectador, seducido con ese “otro” mundo, termina “quedándose”, enamorándose de la primera indígena que ha conquistado. Y acá empieza la verdadera forma del colonialismo soterrado, aquél que hizo históricamente que sociedades terminasen sometidas por la fuerza “innovadora” del invasor arrepentido: recordemos que avatar no es más que el “dios” que termina encarnándose en un cuerpo, y ese “dios” –visto así por sus sometidos- termina instruyendo el nuevo rumbo que tendrá la vida.

Un comentario

  1. Algunos comentarios mi buen amigo sobre la película desde un punto de vista objetivista y salvaguardando el hecho de que la tecnología 3D es por demás impresionante:
    Cuando uno comienza a ver la película queda gratamente sorprendido y emocionado por todo el avance de la tecnología, pero poco a poco según avanza la trama, las declaraciones fiolosóficas llevan un mensaje que se tiene que analizar, pues no he escuchado de quienes han visto la pélicula, nada que tenga que ver con lo siguiente: Cámeron presenta la película como si fuera una cuestión de derechos de propiedad privada frente a los pobres defendiendo su terrirtorio de los invasores. Pero de hecho es una exaltación de la naturaleza en contra de la humanidad. Al público le caen bien los NaIb y no le gusta que les quiten sus tierras, pero lo que no se nota es que los NaIb son una tribu colectivista donde no existen los derechos individuales y tampoco los derechos a la propiedsad privada. Obviamente el espectador típico se pone a favor de los Nabi y desconfía de los capitalistas y termina odiándoles. Más interesante hubiera sido, si entre los Nabí se formaban dos bandos y ver cuáles estaban a favor de negociar, comercializar y vender y cuáles no y constatar como los derechos individuales vencen al final.
    Pero hay un mensaje más subliminal y terrible a la vez: Los pueblos Nabi y su jungla son mostrados como seres maravillosos y paradisíacos mientras que los seres humanos son los siniestros, malvados y conflictivos a la vez.
    Al respecto se muestra una desvalorización del hombre en el que es suplantado por una falsa interpretación de la realidad y un tipo ambiguo de credo: Dios es No-hombre, cielo es No-tierra, alma es No-cuerpo, Virtud es No-beneficio.

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