De las viejas artes de fotografiar, a las nuevas | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

Todas las tecnologías evolucionan, así como las artes. En 1963 la empresa Kodak empleó a Buster Keaton para realizar un corto promocional de su nueva cámara fotográfica Kodak Instamatic, completa revolución en cámaras ya que era portátil, con la película lista para colocar. El corto, a la luz de la publicidad contemporánea puede ser anacrónico e incluso nada original. Sin embargo, hay algunas cuestiones a considerar:

1. Se trata de mostrar dos situaciones. En la primera, en la antigüedad sacar una foto era todo un acto de tortura. Había que obligar al fotografiado a sentarse en posición estática por largo tiempo; la chica tenía que ser acompañada por la madre, quien debía controlar que no exista alguna impropiedad en el momento de tomar la foto… el resultado, claramente, para el fotógrafo de la caja oscura, una verdadera proeza. En la segunda, en el siglo XX, todo se simplifica; basta tener la camarita Instamatic y listo… no hay que esperar a nada… la magia está hecha; la chica, aunque esté acompañada de la madre puede ser conquistada; claro que la madre recibe su baño de «revelado». Esta es la historia en el corto dirigido por James Calhoun para la Kodak. Simplicidad pura: mostrar dos situaciones, comparar y sacar conclusiones. Es decir, Kodak con su nueva tecnología (años 60), evita la tortura de sacar fotos y conquistar a la chica; compare el producto o el resultado. Por algo Buster (ya avejentado) pone cara de niño al final y se queda con la camarita.

2. La publicidad de los años 60 no era tan ágil y tan reducida como ahora. Se privilegiaba la escena, la acción, la explicación. Abundan los textos del relato y las escenas. Buster Keaton actúa como si estuviera en una película muda de los años 20. La comicidad requiere, entonces, una temporalidad. El actor cómico desarrolla el gesto, la postura, la mirada. ¿De qué hay que reírse? Del conjunto de las cosas que pasan en la escena; es decir, las que le suceden al cómico. Pero su aparente anacronismo podría leerse de otro modo: no se trata de un corto publicitario mal hecho o mal planificado. Es un corto publicitario que hace homenaje a un artista del cine mudo: le da su tiempo, juega con su ritmo, mitifica su rostro. Ahí está la clave: la fotografía es un acto de tiempo (a la luz hay que saberla captar en su/un momento), implica un ritmo, un ritual para «salir bien», hecho que demanda estar en «forma» (no nos gusta que nos fotografíen cual carnet de identidad), asimismo congela el tiempo, perenniza el rostro de algo que ya no se vivirá más (vale la pena recordar a Roland Barthes y su libro «La cámara lúcida).

3. Es un corto publicitario en color. Posiblemente para su tiempo era mejor. Ahora lo vemos deteriorado, enrojecido, desteñido. Probablemente se trate (la copia que reproducimos) del «efecto vino», mal que devino a todos los tipos de películas de los años 60 y 70, mal que implicó que el color se degrade por la acción química de su emulsión con el aire. Este problema hizo que muchos cineastas volviesen al blanco y negro o traten de explorar las nacientes tecnologías de la televisión, particularmente el video. No importa. El corto publicitario del que escribo tiene su encanto. Precisamente su «enrojecimiento» le envuelve de candor. A estas alturas del tiempo, la cámara Instamatic es candorosa, objeto de museo, nada atrevida en su diseño, chiquita y poco agraciada. Lo que importaba era sacar fotografías (hoy habrían diseñadores de aparatos y objetos). Por otro lado, el corto publicitario de Keaton nos devuelve a la idea candorosa del actor: para él el tiempo no ha cambiado… sigue tras la chica ideal.

4. El corto se titula «El triunfo de Lester Snapwell». Lester es un nombre más y su sonoridad juega al de Buster (el actor). Snapwell es «tomar una foto». Bien, dicho de otro modo, Buster toma una foto, vendría a ser el simple título de este corto. Y eso es: Buster, el viejo cineasta se le tomando una foto; ya no como antes, cuando era joven, sino cuando ya es viejo, pero con una cámara completamente nueva y diferente. Se puede deducir, entonces, que es la camarita Instamatic es una tecnología incluso para el más viejo… no requiere de conocimiento ni técnica alguna. En realidad es el triunfo de la tecnología de mediados del siglo XX.

En síntesis, ¿qué hay en este corto? Una puesta en escena de contraste que permite comparar dos tiempos, dos momentos; unos vestuarios que denuncian también dos momentos de la tecnología; una técnica cinematográfica, al modo del cine mudo y su mezcla con el cine sonoro; un color predominante, el de la camarita candorosa. ¿Puede haber un mensaje? Es simple: toma una foto como Buster, es tan sencillo… además puedes conquistar a la chica. ¡El cine (la imagen) siempre será magia!

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