¿Periodismo sin (in)formación?: el debate en torno de Wikileaks | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal*

(Publicado en la revista dominical Cartón Piedra, del diario El Telégrafo, Quito, el 9 de septiembre de 2012, no. 047, págs. 13-15)

Consideremos una vieja película de Sidney Pollack, “Los tres días del cóndor” (1975). Se trata de un thriller acerca de un funcionario de la CIA, interpretado por Robert Redford, quien trabaja para una sección anodina de dicho organismo: él lee novelas para encontrar en ellas tramas o huellas que ayuden a comprender y resolver situaciones o problemas que en la realidad podrían poner en riesgo la seguridad del Estado norteamericano. Al inferir y correlacionar los argumentos de las novelas descubre en la realidad todo un tejido político corporativista en el que están involucrados algunos funcionarios de gobierno y de la propia CIA. Esto lleva a que todos sus compañeros resulten asesinados, su oficina sea desmantelada y él, conocido con el alias de “Cóndor”, sea perseguido. Claro está que, como buen thriller político, el funcionario aprende enfrentarse a la red de corrupción y de intereses corporativos, aunque no puede hacer caer necesariamente a todos los cerebros que están involucrados en el asunto. Al final, “Cóndor” para garantizar su libertad, señala que ha entregado los documentos secretos comprometedores al New York Times; con ello uno de los jefes de la CIA sabe que ya no puede perseguir más al agente. Lo posterior será el silencio.

Historias de hombres que arriesgan todo para develar secretos, en los que alguna parte de la humanidad podría sufrir terribles consecuencias, han sido objeto de novelas y de películas. Las que tratan de estos asuntos son las que se denominan thrillers políticos donde, en general, un agente o espía que termina cobrando conciencia se vuelve contra la maquinaria del poder. La clave está en evidenciar documentos. Éstos vendrían a ser los nudos de esos extensos tejidos políticos difíciles de identificar en el día a día.

Aunque el film pueda ser visto hoy día como una reminiscencia de las historias románticas de espías, su actualidad es interesante: hay un aparato institucional estatal entretejido con siniestras corporaciones que vigila el orden, las novelas sirven para comprender y resolver la realidad y, sobre todo, el asunto de los documentos secretos que podrían ser revelados por algún medio de comunicación.

Hemos querido poner este ejemplo para discutir el papel de WikiLeaks y lo que implica este en la difusión de información secreta, pero particularmente lo que podría ser un cierto tema que queda aún difuso como el relacionado con el del periodismo y la cuestión de la libertad de publicación (confundido por algunos con la libertad de expresión). Hoy día todo esto también sale a discusión nuevamente con el debate que ha motivado Julian Assange, el principal vocero de WikiLeaks, en la comunidad internacional, a raíz del asilo político que Ecuador le concedió.

En todo caso, habría que preguntarse si efectivamente hay un giro en el periodismo o la comunicación contemporáneas a partir de la presencia de WikiLeaks.; o en otro caso, hasta qué punto WikiLeaks muestra una faceta del periodismo actual, la de ser un periodismo sin (in)formación. Así pretendemos discutir algunos rasgos de lo que consideramos un tipo de práctica que pretende ser periodística en la que prevalece un cierto tipo de ambigüedad.

Internet como campo de difusión

Si la trama de “Los tres días del cóndor” se imaginase hoy día sin duda tendría como mecanismo catalizador Internet. Muchas películas y novelas contemporáneas aluden a lo subyacente en la red de redes: la capacidad que tiene este de romper fronteras, de estar en permanente actualidad y la obsolescencia que hace operar en la información. Así se alude al hecho que los medios de comunicación convencionales no tienen la misma importancia que en el siglo anterior y más bien se prefiere incluso los llamados medios de comunicación individuales; las redes sociales y sus lógicas son las que pueblan el imaginario de la comunicación actual en sentido general.

Precisamente Internet es el lugar donde aparece WikiLeaks. Esto implica que hay otros modos de comunicación que se hacen a través de Internet.

El fenómeno de Internet si bien no es nuevo, su constante mutación hace que, en efecto, se ponga en crisis muchos de los entendidos que se tenían alrededor de diversos ámbitos de la sociedad como la comunicación, la política, la economía, la propia sociabilidad. Si bien Internet ya va por los cuarenta años, su cara social se muestra apenas en la última década; por ello hay que afirmar que su presencia en la vida de las sociedades globalizadas es contundente.

Pero sobre todo es más rotunda la presencia de Internet en la política donde se ve que este ámbito se vuelve más vulnerable dada la voluntad de transparencia que parece definir a la red de redes. En verdad mucho se dice de Internet en este terreno. Manuel Castells en su libro La galaxia Internet apuntaba hace pocos años atrás que “Internet es el tejido de nuestras vidas. Si la tecnología de información es el equivalente histórico de lo que supuso la electricidad en la era industrial, en nuestra era podríamos comparar Internet con la red eléctrica y el motor eléctrico, dada su capacidad para distribuir el poder de la información en todos los ámbitos de la actividad humana” (p. 15).

La cita es clara: tratando de parafrasear a Marshall McLuhan, Castells evidencia lo que hace a Internet, es decir, como un sistema nervioso orgánico cuyo potencial es la distribución del poder de la información. De eso se trata hoy Internet, de un vasto campo de comunicación que la política la va aprovechando con eficacia.

Internet, en efecto, supone el poder de la información y su distribución (o difusión). Ese es el meollo de las redes sociales, las cuales, aunque pareciera que reproducen las prácticas de diálogo en red que se hacían ya en las sociedades, se presentan como los espejos de las dinámicas comunicativas potenciadas esta vez por el medio global, Internet: existe una reverberación tal de las conexiones comunicativas y de los diálogos que no se pueden comparar con los sigilosos enlaces sociales que se hacían antaño.

El entorno “wiki” es el de una red social; su característica es el texto colaborativo. WikiLeaks se arma justamente en este entorno de Internet donde prevalece la idea del “voluntarismo”. Ese espíritu es el que supuso la constitución de WikiLeaks, creada en 2006, poniendo en evidencia que, al modo del agente del film que mencionamos al inicio, ya no tendría que recurrir a un medio de comunicación convencional, sino dejar voluntariamente, es decir, lograr contribuir en la constitución de un texto global que desde ya denunciase las atrocidades cometidas por determinados regímenes políticos. La idea que está detrás de todo ello, paradójicamente es la “des-mediación” institucional, ejercida por los medios de comunicación.

Felipe Ortega y Joaquín Rodríguez, en un texto de corte antropológico, El potlatch digital, apuntan que la idea de la wiki, particularmente su faz más conocida, la Wikipedia, supone una economía semejante a la que se practicaba en las tribus kwakiutl, es decir, como el medio de redistribución de la riqueza pero basado en el principio del intercambio; así, digitalmente, en la wiki habría el espíritu de lo colaborativo “de gestión del procomún digital, de coordinación de la acción colectiva en el mantenimiento y propagación de los comunes digitales, con todas las luces y las sombras que la coordinación de la acción colectiva arroja” (p. 22). Cuando hablamos de “des-mediación” nos referimos a que Internet y WikiLeaks han probado que no bastan los medios de comunicación convencionales, o quizá incluso ha llevado a que la gente los abandone o los olvide, en razón que dichos medios son instituciones de mercado donde no existe redistribución de la riqueza de conocimiento ni intercambio. La economía del compartir, de la reciprocidad es lo que hace que ahora aparezcan las nuevas formas de comunicación en la red donde se intercambiaría lo “procomún”, un tipo de capital simbólico.

Assange en un momento se refería precisamente al hecho que los medios de comunicación son un desastre, más aun si son las grandes corporaciones internacionales, dada la distorsión de la información (citado por Ignacio Ramonet en La explosión del periodismo, pág. 76). A esta afirmación que ya no es novedosa habría que añadir el hecho que los grandes medios también silencian, ofrecen agendas incluso alejadas de la realidad y lo peor de todo, desmovilizan haciendo que la gente renuncie a su capacidad analítica y crítica; en otras palabras, en los medios convencionales no existiría procomunes sino información sesgada, afín a determinados grupos sociales y de poder.

El periodismo en el entorno de Wiki

El efecto de la des-mediación es precisamente la emergencia de millones de voces propietarios de sus propios medios individuales. Se ve esto con claridad en las dinámicas de Twitter y Facebook, sin dejar de mencionar a los blogs y otros sistemas de publicación y difusión de ideas en Internet. Esto ha hecho cambiar radicalmente la forma de hacer comunicación. La institucionalidad mediática se ha puesto en crisis.

Muchas de las dinámicas sociales que muestran que el ciudadano medio no es tonto ni admite a ciegas lo que publican los medios de comunicación convencionales puede también comprenderse en el campo del ciberactivismo. Ligado al plano de la política tal ciberactivismo pone en escena lo que es el poder y lo que este puede suponer, el sustrato de conflictividad.

Según Ramonet, la filosofía de WikiLeaks se fundamenta en el aserto: “los secretos existen para ser revelados” (pág. 76). Es curiosa esta idea porque nos pone en el otro lado del espejo. Si pensamos en el “Cóndor” protagonizado por Redford, los secretos siguen siendo ocultos para cualquier funcionario a menos que su integridad se haya puesto en peligro: cuando ve que es perseguido, se da cuenta que lo que ha descifrado también pone en riesgo a la humanidad. El “Cóndor” acude a los medios convencionales para asegurar que él vivirá, pero también porque se hace consciente que tras los secretos pueden haber grupos de interés. Con WikiLeaks, los voluntarios ciberactivistas acceden a los documentos secretos y hacen que estén disponibles públicamente: los informantes pareciera que ahora cumplen con la idea de que todo es revelable; pero no imaginamos que ellos estén envueltos en tramas conspirativas.

Pero el asunto que trae a colación la cita de Ramonet está ligada al papel del periodismo, al hecho que con WikiLeaks esta disciplina cambia. Siempre se ha pensado que la investigación periodística puede develar aspectos poco conocidos y perversos de los gobiernos. Incluso hay periodistas que por su trabajo, especialmente en periodos como los de las dictaduras, hayan sido apresados o desaparecidos. En este ámbito lo que ha prevalecido es la investigación basada en una profunda y comprometida convicción de cotejamiento de fuentes, de indagación pormenorizada de datos, de responsable análisis, que hizo de los trabajos periodísticos cobren relevancia. A nivel internacional es claro el ejemplo del caso Watergate, realizada por dos periodistas, Bob Woodward y Carl Bernstein, del Washington Post, y que llevó a la dimisión del presidente Richard Nixon (el propio Robert Redford encarnó a uno de esos periodistas en otro film de 1976, “Todos los hombres del presidente” de Alan J. Pakula).

Hoy con la dinámica de las redes sociales, gracias a la práctica de la propia ciudadanía global que colabora y publica abiertamente, el ciberactivismo se ha vuelto algo común. En este contexto, el periodista profesional en algunos casos termina bregando buscando la verdad. WikiLeaks, en efecto, ha aportado a esta dinámica justamente el voluntarismo de las fuentes y de sus activistas.

Pero la gran problemática prevaleciente es si lo que se hace enWikiLeaks es periodismo. Los hechos denunciados en su entorno han llevado a cobrar conciencia que muchas de las acciones políticas emprendidas por el gobierno norteamericano a nivel internacional fueron maquinaciones terribles determinadas por el poder del capital corporativista. De igual modo, ha puesto en evidencia los problemas de autoritarismo supremo que todavía prevalece en Medio Oriente. Hay quienes han afirmado que, producto de la difusión de información secreta, se produjo “la primera revolución WikiLeaks”, tomando en cuenta lo acontecido en Túnez en enero de 2011.

Pero una cosa es la denuncia en formato de documentos secretos o privados en el que se deja a discreción de los lectores su interpretación final y otra el trabajo del periodismo serio y responsable en sentido de recolectar datos, de hacerlos inteligibles, de ponerlos en contexto, de procesarlos con sentido ético, pero, además de llevar con el producto de este proceso, a establecer un saber diferente respecto a la realidad. Es evidente que el periodismo real supone un compromiso, un análisis, una ética, no obstante esté el medio de comunicación y sus políticas que muchas veces pueden estar en contradicción con determinados ideales y favorezcan los intereses más bien económicos. Quizá lo que pone en evidencia WikiLeaks en esencia es que hoy el periodismo ya no se hace por convicción sino por réditos económicos. El periodismo contemporáneo pareciera ser el reflejo más bien de las dinámicas de acumulación de capital; en este sentido, existen muchas denuncias que el periodismo (y los medios de comunicación) han renunciado a su vocación social.

Un periodismo sobremoderno

WikiLeaks funda su trabajo en el hecho de publicar archivos digitales. Éstos se presentan con un breve contexto. Los archivos son considerados como bases de datos que están disponibles mediante enlaces. La minería de datos es lo que podría ligar a la práctica periodística: a esto es lo que se refiere WikiLeaks cuando se invita a los periodistas para que usen dichos archivos y, en su caso, hagan sus donaciones para mantener la dinámica wiki.

Bajo tal consideración existe una vasta confusión en considerar a WikiLeaks como un medio de comunicación en el sentido periodístico y decir que su práctica es periodística. De hecho, el propio Assange no es periodista ni profesional en disciplina afín; su campo de experiencia se conoce es el de la informática y desde allá su direccionamiento ha sido el hackerismo, un tipo de ciberactivismo, en principio destinado a deconstruir códigos informáticos cuya radical faceta vendría ser el robo digital. El hecho que con WikiLeaks se haya logrado difundir documentos secretos, nos pone en el plano de un medio y un vocero no corporativos, no institucionales ni estatales que están del otro lado de los thrillers: no es el problema del agente o del espía, sino de un medio-vocero que ve la oportunidad de oro para instaurar una economía digital donde el voluntarismo desmantela el edificio de documentos y hace con ellos objetos intercambiables.

José Luis Orihuela apuntaba en 2010 diez tesis sobre WikiLeaks que aún siguen siendo valederas. Recojamos dichas tesis y también comentémoslas: a) WikiLeaks era inevitable dado que Internet es un medio sin editores; b) WikiLeaks era necesario dada la impunidad de muchas de las acciones políticas y diplomáticas dadas en la presente década; c) WikiLeaks no es periodismo por la misma razón que esgrimimos líneas atrás, pues publicar archivos es diferente a tratar estos como información, es decir, comprobar, contrastar, contextualizar, analizar y hacer que los documentos aterricen a la realidad local; d) WikiLeaks necesita al periodismo, así se ha constituido en una nueva mediación (para nosotros desnuda); e) WikiLeaks es una llamada de atención al periodismo ya que esta disciplina hace tiempo ha dejado de hacer investigación seria y sostenida; f) WikiLeaks no es neutral, de este modo, por más voluntarismo que exista, no hay altruismo por estar plagado de intereses políticos; g) WikiLeaks ha demostrado que la red no es neutral, y esto se ha visto con los ataques que ha sufrido; h) WikiLeaks ha dado argumentos tanto a quienes se oponen a la neutralidad de la red como a quienes la defienden, cuestión que ahora se ve incluso con las presiones políticas y de Estado; i) WikiLeaks ya ha ganado hecho comprobable con la instalación de otras wikis del mismo estilo; j) WikiLeaks cambiará la gestión de la información confidencial, es decir, ha llevado que existan nuevas políticas de seguridad de documentos, de conectividad, etc.

Si WikiLeaks no es periodismo es menester señalar que ha puesto en evidencia un problema que atraviesa el periodismo y la comunicación actuales: vivimos en el momento donde hay un periodismo sin información y sin formación.

En la misma medida que hace WikiLeaks, el periodismo contemporáneo publica informaciones sin tratamiento. Y esto tiene consecuencias en el sentido que el periodismo actual no hace público temas de interés social, con la profundidad que se requiere y con la debida investigación. Esta la gran confusión en las discusiones cuando algunos analistas todavía propugnan el papel fundamental del periodismo y de los medios de comunicación. En este contexto, hemos pasado del periodo amarillista que avergonzaba a muchos profesionales a la falta de conciencia acerca de lo que sucede en la actualidad en el mundo del periodismo.

Que se confunda el periodismo como información es el gran problema. Es cierto que los documentos, sean estos secretos o no, que los archivos, sean estos políticos o no, pueden considerarse como información (y con más propiedad un tipo de fuentes documentales), pero informar, es decir, hacer periodismo requiere “de saberes, destrezas, reglas y valores que, si no se tienen, la hacen imposible. Su viabilidad radica precisamente en la consciencia de su dificultad y no en la confusión con cualquier práctica periodística. Requiere igualmente de un cierto aprendizaje, un ethos profesional adecuado y una vigilancia permanente para no contaminarla con prácticas que la niegan o la desfiguran” (Félix Ortega, “El modelo de la no información”, pág. 16).

El periodismo sin información, en tal sentido, es aquél que se basa en el manejo del archivo. Supone más bien un periodismo desencajado de la responsabilidad de brindar un texto que haga dialogar a la sociedad. Nuestro problema con muchos de los medios de comunicación convencionales (tanto televisión, radio o periódicos) es que son el espacio de gran cantidad de ruido informativo, es decir, de ruido de archivos donde, según Ortega, aparece el falseamiento, la invención o la tergiversación (pág. 18). En otras palabras el periodismo sin información lleva a que leamos los archivos sin importar su contenido, de manejarlos como recursos que pueden ayudar a elaborar discursos tendenciosos. Desde hace tiempo el hecho que los medios de comunicación hayan puesto precio al espacio de publicación, ha condicionado para que la información ya no sea vital para la sociedad. En este marco WikiLeaks resuena por su carácter político, porque detrás de lo político siempre hay conflictividad, cuestión que es aprovechada y reforzada por los propios medios de comunicación para los cuales los acontecimientos se leen desde el lado del escándalo; muchos medios han aprovechado lo difundido por WikiLeaks para lucrar.

Esto también supone el otro aspecto que discutimos: el del periodismo sin formación. Aunque esta palabra aluda a la cuestión de la formación del profesional periodista, más bien la queremos emplear en sentido que es un periodismo que emerge condicionado por la informática. El problema, en este marco, implica que las ideas se miden por la cantidad de caracteres o el peso del archivo (o el tamaño de la fotografía, si se quiere, en la diagramación). Es un tipo de periodismo definido por el tecnicismo más no por el contenido. La contribución del hacker, como es el caso de WikiLeaks, en el periodismo es precisamente eso: nos asombramos del cómo se consiguió la información, del develamiento, del formato de difusión (wiki-Internet), de la inmediatez comunitaria de reproducción en las redes sociales. No vamos a negar que gracias a WikiLeaks se vea la invasión a Iraq como una orquestación siniestra y que muchos de los crímenes deberían llevar a sus responsables a los tribunales; empero, es la eficacia de la técnica que inmediatamente termina tapada por otras circunstancias codificadas por la informática.

Y acá radica la paradoja, en este sentido, sobremoderna en el sentido de Marc Augé, y que supera la historia: pues todo se lee contemporánea y areferencialmente dada la sobreabundancia de acontecimientos (Los no lugares, p. 36). El periodismo sin (in)formación nos ha hecho perder el sentido de la referencia, del propio acontecimiento, de su naturaleza y de sus consecuencias. A la información se le hace aparecer un sentido. Y ese es el propio caso de WikiLeaks: con éste aparecieron los defensores de la libertad de expresión cuando en realidad lo que ha pasado es que con su práctica se ha reafirmado la libertad de publicación (que tampoco puede equipararse con la libertad de prensa).

Sin embargo, lo que supone la práctica de WikiLeaks y el periodismo sin (in)formación en su sentido paradójico es que este se ha constituido en un gran relato hecho de fragmentos o de restos. Recuérdese que el “Cóndor” del film “Los tres días del cóndor” leía novelas para desentrañar estrategias. En el contexto actual no son las novelas o los relatos sociales los que proveen de inteligencia a la información, sino que la wiki se constituye en la propia inteligencia, algo así como una novela sin estructura alguna, sin trama, sino como una colección de recortes. El periodismo sin (in)formación así, ya no piensa la sociedad ni se piensa en la sociedad; trata de armar su propia estrategia de supervivencia entregando “novelas” efímeras (es interesante ver la “otra” publicidad que se la ha dado al “asilo” otorgado al periodista Palacios frente a la de Assange).

Lo que sí es cierto, finalmente, es que WikiLeaks nos lleva a descubrir que lo que pensábamos de comunicación social y de periodismo implica una gran laguna. Si los informáticos hacen ahora “comunicación” y “periodismo” es porque los profesionales de la comunicación y el periodismo se han dejado conducir por la anomia, la irresponsabilidad, el facilismo y el espectáculo.

Bibliografía

Augé, M. (1996). Los no lugares: espacios del anonimato, una antropología de la sobremodernidad. Barcelona: Gedisa.

Castells, M. (2003). La galaxia Internet. Barcelona: DeBolsillo.

Orihuela. J. (2010). “Diez tesis sobre WikiLeaks”. En E-Cuaderno publicado el 4/12/10, recuperado el 4/9/12 de http://www.ecuaderno.com/2010/12/04/diez-tesis-sobre-wikileaks/

Ortega, F. (2006). El modelo de la no información. En Félix Ortega (coord.), Periodismo sin información. Madrid: Tecnos.

Ortega, F. & Rodríguez, J. (2011). El potlatch digital: Wikipedia y el triunfo del procomún y el conocimiento compartido. Madrid: Cátedra.

Ramonet, I. (2011). La explosión del periodismo: Internet pone en jaque a los medios tradicionales. Buenos Aires: Capital Intelectual.

 

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*Iván Rodrigo Mendizábal. Comunicador social. Máster en Estudios de la Cultura. Candidato a Doctor en Literatura Latinoamericana (UASB-E). Director de estudios de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Los Hemisferios.

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