Del tren del progreso al de la muerte | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección Cultura, Punto de vista, Guayaquil, el 9 de diciembre de 2018)

 

Fotograma del documental La cocina de las patronas de Javier García.

Se sabe que hace más de un siglo el tren abría el sendero hacia el progreso. Tal mito de la modernidad traspasó todas las políticas estatales y los imaginarios sociales donde el tren iluminaba una economía. Hoy tal mito tiene un nuevo relato, oscuro, donde el tren es la máquina de la muerte, que transporta o donde se ocultan migrantes.

Las premisas anteriores sirven para reflexionar la película documental La cocina de las patronas (2017) del mexicano Javier García, cuya primera secuencia nos pone encima de un tren de mercancías que, además contiene migrantes, el cual atraviesa México, en dirección a Estados Unidos. Estos migrantes, enfrentando todo peligro, la pobreza, la desesperación, piden comida, a su paso por Amatlán, Veracruz, y es un grupo de mujeres que les salen al paso dándoles lo que pueden para paliar el hambre y la sed.

La cocina de las patronas, así, nos pone en el lugar de esas mujeres que, desde hace más de 20 años socorren con alimentos a los migrantes. Si antes comenzó como una simple ayuda, pronto ellas se organizaron para preparar comida, para recolectar y dar ropa, para auxiliarles en ciertos problemas, incluso los accidentes suscitados al caer del tren. El lema principal es que los migrantes tienen derechos y, como personas, hay que colaborarles pese a que contra ellos se alcen muros y contradictorias leyes y comportamientos sociales para rechazarlos.

La película, sin embargo, fuera de ser una crónica testimonial –que entrevista, sigue la vida de las mujeres organizadas–, contiene dos metáforas importantes: una, relacionada con las “patronas” y, la otra, con referencia al tren.

En México el sentimiento religioso penetra a todas las capas sociales. La “patrona” hace referencia a la Virgen María que da consuelo. García usa este motivo y hace ver a las mujeres de Amatlán como las que esperan en el camino del tren con lo que ellas cocinan esmero. Estas patronas, en realidad, dan esperanza de vida.

En cuanto al tren, este transporta mercadería y, entre los vagones están los migrantes, escondidos, acaso como otras “mercancías” de los traficantes o como productos de los desastres económicos y sociales de sus propios países. El tren no cumple con llevar el antiguo progreso, sino masas de soñadores de nuevos futuros, aunque estos sean mendrugos en medio de un mundo global de opulencia y despilfarro como es ese que promete el país del norte.

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