A propósito de “La Jangada”, versión ecuatoriana | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Originalmente publicado en Revista Máquina Combinatoria, Quito, el 27 de febrero de 2019)

 

“La jangada” (foto: cortesía Daniela Rizzo)

El mes de febrero celebramos el nacimiento de ese visionario escritor, Julio Verne. La propuesta era leer una novela, La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas (1881), obra cuyo motivo de fondo es un viaje por el río Amazonas. Para el momento de su publicación, el Amazonas estaba conectado directamente con Ecuador, según los mapas de la época. En otras palabras, se trataba de vincular la obra de Verne con Ecuador.

La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas no es una novela tan difundida en la actualidad como sucede como otras de Verne: Cinco semanas en globo (1863), De la Tierra a la Luna (1865), y su segunda parte, Alrededor de la Luna(1870), 20.000 mil leguas de viaje submarino (1871) o Viaje al centro de la Tierra (1864), entre otras. Sabemos que Verne publicó una cincuentena de novelas y una veintena de cuentos, además de ensayos y obras de teatro. Su popularidad fue gracias a un trabajo editorial sistemático, al inicio de la industria cultural, que estaba aprovechando la fuerza que impulsaba la revolución industrial en Europa. Y no solo eso, en el siglo XX, independientemente que continuó siendo reeditado, el trabajo y la impronta de Verne se amplió más con las adaptaciones realizadas para el cine y la televisión. Hoy Verne es objeto de homenajes, de museos, de monumentos, de congresos, de diversos artículos, de estudios…, es decir, es un autor de culto, aunque algunos piensen lo contrario. Su literatura, por efecto de su lenguaje fácil, por su poética descriptiva, por la manera de plantear intrigas, sigue siendo referencial, aunque muchas editoriales o librerías insistan que sea solo literatura para niños o juvenil. Es que él era un divulgador de las ciencias y un entusiasta admirador, a la vez que un curioso observador, del desarrollo tecnológico de su época, proyectado a diversos tiempos.

Dentro del conjunto de su obra, La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas no tiene cientos de reediciones como otras de sus obras, por lo que es más difícil encontrarla ahora en el mercado editorial. Esto no quiere decir que sea una novela olvidada. Baste decir que ha merecido atención en Latinoamérica porque su argumento se centra en el río Amazonas y cita países como Perú, Ecuador, Colombia y Brasil. Tal atención incluso ha llevado que se hayan realizado al menos tres películas: 800 leguas por el Amazonas (1958) de Emilio Gómez Muriel, una producción mexicana; 800 leguas por el Amazonas (1993) de Luis Llosa, coproducción norteamericana-peruana, y el dibujo animado La Jangada (2001), de Jean-Pierre Jacquet, producción francesa. Cabe decir que, desde que se publicó tuvo muchas traducciones y ha sido reeditada en varias partes del mundo, en inglés, en francés y castellano.

Portada de la edición ecuatoriana de “La Jangada” de Julio Verne, editada por Eskeletra.

Sorprende que, en Ecuador, uno de los países referenciados en La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas, la editorial Eskeletra la haya publicado en el 2015, editada y traducida por Alia Hassan. Y sorprende más porque, pese a que el lector esperaría una edición acabada, conociendo además a la editorial Eskeletra, reputada en el país, la haya descuidado por completo y la siga colocando en el mercado de librerías completamente cortada, con el título de La Jangada, aventuras por el Amazonas.

Sí, eso es: La Jangada, aventuras por el Amazonas publicada en Ecuador es un despropósito y no hace honor a la significancia de la novela de Verne. En la edición actual se han suprimido varias líneas y párrafos, haciendo que la lectura a veces sea fragmentada. El problema es que hay detalles de contexto, de acción, de situación que, siendo omitidos en la edición ecuatoriana, hace que la leamos como una simple aventura, cuando la novela tiene su razón de ser como un trabajo que hace pensar cómo Verne imaginaba el desarrollo del mercado emergente de recursos naturales en la región. Es decir, en La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas (en la versión original y para el caso de este artículo me referiré más adelante a la edición de RBA de 2002, como objeto de comparación) hay una explicación sobre el impulso del capitalismo en sentido positivista, muy a tono con las tendencias utopistas de la época.

En este sentido, La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas se puede considerar una novela utópica anclada en la realidad del Amazonas del siglo XIX. El río es un eje vertebrador económico que permite el tránsito de gentes y el comercio promovido por las nuevas burguesías que van poblando la región. Incluso la propia embarcación a la que alude el título, una jangada (un tipo de embarcación típica de la región), es representada en la novela como una nave fabulosa con su hábitat propio que lleva a la familia ideal que se ha hecho gracias al trabajo, al comercio, a tener alianzas propicias con otras familias, además, acogedora de otros quienes no son parte de su estructura interna. Dentro de la aventura, tal jangada, asemeja a un arca “noesiana”, donde lo que importa es la figura del patriarca, ejemplo de vida y de ética. Pero si leemos el argumento del viaje en el marco del capitalismo emergente, notaremos que tal embarcación además es la versión selvática de un moderno y futurista buque, en realidad un crucero que navega en las aguas del Amazonas, como la metáfora del progreso que va penetrando las zonas productivas. ¿Por qué haber quitado de la edición ecuatoriana cantidad de párrafos que aluden al desarrollo capitalista? ¿Por qué omitir intencionalmente pasajes que aluden a los intercambios comerciales, a las explicaciones sobre el marco económico de las sociedades que van alzándose a lo largo del río? ¿Por qué prescindir de las explicaciones de las relaciones sociales existentes en un momento en el que en América Latina aún eran problemáticas para construir el proyecto de nación liberal? Son preguntas  inquietantes que nos hacemos como lectores serios.

Es evidente que Verne no hace literatura nacional para América Latina. Lo que hace es escribir una obra que piensa en tono utópico lo que podría ser el desarrollo de una región, sí, con clases pudientes, con economías de riesgo, con mentalidades que no están pensando en el pasado colonial. En La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas hay una especie de ideario: el del emprendimiento con base ética. Verne mira respetuosamente la región, mira a los indígenas no como cosas, sino como signos de culturas que tratan de lograr conexión o por lo menos que quieren ser respetadas como tales; trata a los blanco-mestizos, sí, como invasores, pero además como gente cuya intención tampoco es el de la depredación. Alguien podría decir que exagero la nota intentando mostrar a un autor que, pese a ser visionario, tiene alguna ideología contradictoria como algunos estudiosos lo han sugerido. Sin embargo, debo reafirmar que La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas es una obra utópica y el utopista lo que va a mostrar en su trabajo es una sociedad que, pese a sus conflictos internos, sabe encontrar la salida para convencernos que tal salida, tal mundo ideado, tal mundo posible, es mejor. Verne, por ello se detiene largamente en ciertas explicaciones, en ciertos detalles de la vida familiar, en generalidades de contexto útiles para sustentar un proyecto utópico. ¿Al traductor de la novela en versión ecuatoriana o a los editores les molestó estos asuntos? ¿Hubo la intención de publicar una versión ecuatoriana políticamente correcta para los momentos cuando fue editada?

Portada de la edición de “La Jangada” de Verne, editada por RBA.

Ante todas las preguntas que suscita la versión ecuatoriana de La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas, no hay respuestas, sino sospechas. Ante todo, cabe indicar que Verne no se mete mucho con las políticas de los países referenciados en la novela, sino que muestra una región como si fuera un país único, con su diversidad y con sus secretos. Esa una gran propuesta y un interesante proyecto.

¿Y como idea Verne su proyecto de región utópica? En la versión original de La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas hay dos mapas, ambas en las dos partes de la novela, que remiten a la idea del explorador o del expedicionario. Si vamos leyendo los pormenores de un viaje, la idea de los mapas, además típica de ciertas novelas de viaje y de aventuras decimonónicas, lo que nos vamos dando cuenta es que, como lectores, somos testigos del descubrimiento de la inmensidad de una región-país utópico. La función de los mapas no es solo el acompañamiento de la trama, sino también que emulemos el redescubrimiento, mediante la fantasía, de la expedición hacia regiones ignotas. En la medida que vamos viajando por el Amazonas, vamos aprendiendo de fauna, de flora, de colores del agua, de la temperatura, de poblaciones, etc.; además de leyendas y de mitos. En este último contexto, el que podría importar más a Ecuador es la referencia a la esposa del expedicionario Jean Godin des Odonais, la riobambeña Isabel Sotomayor de Godin, separados por espacio de 20 años por el azar y el destino, luego que aquel, tras terminar su labor en la primera Misión Geodésica Francesa (esa que estaba dirigida por Charles Marie de La Condamine en el sigo XVIII), viajó por el Amazonas con rumbo a Francia y quedó detenido en Cayena por las autoridades portuguesas. El trágico y portentoso viaje de reencuentro, donde casi la dama pierde la vida, finalmente tuvo un final más bien feliz, hecho que es recogido en la novela de Verne, aunque con errores.

Independientemente de esta referencia, hay otras más y que (salvando algunas imprecisiones) abren siempre a la imaginación. Lo que importa es que La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas nos haga visionar sobre las posibilidades de una región y de un continente rico en posibilidades. Hoy, claro está que el entusiasmo positivista pueda ser problemático porque eso de ir al Amazonas para explorar las riquezas, pretexto para llevar a la construcción de empresas depredadoras de los recursos naturales, es algo cuestionable. Nuestra mentalidad medioambientalista diría que el Amazonas debe ser siempre la garantía de un futuro sin contaminación. Pero si nos confrontamos con la literatura de Verne, sabremos que tal pensamiento es romántico. ¿Qué hacer? Rescatemos de La Jangada, ochocientas leguas por el Amazonas el carácter ético de toda empresa. Es decir, lo ético debe hacernos cuestionar ahora si es preferible la sobreexplotación o dejar al Amazonas como una región intangible, la utopía de un paraíso terrenal que debemos conservar aunque al capitalismo le duela.

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