Extranjero en la propia tierra | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección Cultura, columna Punto de vista, Guayaquil, el 26 de mayo de 2019)

 

Fotograma del filme Green Book de Peter Farrelly.

Green Book es la película ganadora del Oscar de este año y es el nombre del folleto con el que los protagonistas guían su viaje de norte a sur en Estados Unidos. Dirigida por Peter Farrelly, se basa en el periplo del concertista Don Shirley, junto a su chofer y guardaespaldas, Nick Villalonga, en la década de 1960. Shirley fue invitado a tocar música clásica en diversos lugares. Su destino final era Birmingham, en Alabama.

El contexto es el racismo imperante y la trama tiene que ver con la relación de trabajo y amistad que se afianza entre un afroamericano y un italoamericano. Green Book pone de manifiesto sutilmente ciertas formas de la cultura norteamericana que pasan como naturalizadas. Una de ellas es un libro, que a la vez es guía de viaje, y compendio de los lugares donde todo afroamericano podría sentirse “seguro” dentro del territorio. Tal libro vendría a ser el símbolo de la segregación soterrada, sobre todo en la parte sur de Estados Unidos. Con este, los problemas que resalta el filme son la discriminación contra el afroamericano, la manera en la que el “blanco” impone su condición racial sobre su semejante y ciertas “políticas”, como no dejar entrar a restaurantes, ir solo por caminos “autorizados”, etc.–.

El guion fue coescrito por el hijo de Villalonga, constituyéndose este en la voz de ese italoamericano, en principio racista, y que poco a poco debe compartir la exclusión social. Para resaltar más tal fenómeno, Green Book opone las bases de la condición racial y social: el afroamericano se lo muestra como refinado y culto, músico e intérprete de música clásica; el italoamericano, como un individuo falto de educación, rudo en su modo de ser, además pobre. La relación entre ellos al principio se muestra contrapuesta, pero se transforma en la medida que ambos reconocen su propia identidad. La clave para imponerse al racismo, según el filme, es el reconocimiento.

El problema es que la película de Farrelly, si bien muestra a los dos protagonistas como extranjeros en su propia tierra, haciendo que ellos admitan lo que son, no lleva a que un norteamericano se haga tal pregunta. En

el norteamericano es el asistente al espectáculo, el que aplaude y el que sigue segregando. En este sentido, la película se queda a medias en su crítica al sistema. (O)

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