Extraños cuerpos foráneos | Iván Rodrigo Mendizábal

Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en Revista Máquina Combinatoria, Quito, el 30 de agosto de 2019)

 

¿Qué es un cuerpo extraño? Jean-Luc Nancy lo plantea al inicio de su artículo “Strange foreign bodies” (2008). Dice: “todo objeto, pieza, parte o substancia introducido de manera más o menos inadvertida dentro un grupo o ambiente. Si no es orgánico por sí mismo, tal ‘grupo’ es un medio ambiente considerado homogéneo y capaz de regularse a sí mismo, y ante el cual el ‘cuerpo extraño’ no es capaz de subyugarse” (p. 122).

Pienso el cuento de Julio Cortázar, “La casa tomada”, donde una entidad, un cuerpo extraño se introduce, toma el espacio de la casa, ocasionando que su habitante sienta que debe reducirse. El cuerpo extraño se introduce, parasitariamente, ante el cual el ambiente no se puede resistir.

Pienso, e igualmente nos ejemplifica Nancy, en algún objeto olvidado dentro del cuerpo, por ejemplo, una gasa, un bisturí… este se introduce, o es olvidado por accidente –¿se mimetiza?– dentro de las entrañas del cuerpo y solo algún suceso hace caer en cuenta de su peligrosa situación. Hay quienes vivieron largos años con una bala en su cabeza y cuando ese objeto extraño aparece denunciado, inmediatamente deviene la muerte.

Hay muchas metáforas para explicar al cuerpo extraño. Lo importante, de acuerdo con Nancy, es cómo aquel se introduce y la malignidad de su presencia: el territorio del cuerpo de pronto es invadido, es intervenido, sin que se haya sentido realmente su intromisión. La penetración al cuerpo entonces también en intrusiva, sospechosa, problemática, precisamente porque lo extraño se hace cargo del cuerpo y se pretende “familiar”. Así, el cuerpo extraño, lo extraño, también se relaciona con el extranjero; el extranjero –¿el migrante?– pone en problema a la estabilidad del cuerpo social, a sus relaciones, a su ideología que le mantiene, porque impugna, no solo con su sola presencia, sino también con su comportamiento, la normalidad y las normas.

En el cuerpo, como metáfora, hay exterioridad y también fortaleza: la naturaleza del cuerpo es precisamente que se erige con relación a la exterioridad de la cual se protege, se vuelve fuerte frente a su posible amenaza. Es el problema de la enfermedad: la gripe viene de afuera, hay que cuidarse; lo exterior amenaza, pero hay que mostrarse fuerte para ahuyentarla.

Cuando el cuerpo es penetrado obedece, en opinión de Nancy a dos lógicas: la de la asimilación o la de la destrucción. Por ejemplo, el cuerpo asimila el cuerpo extraño por medio del acto de comer, es decir, de ingerir, de absorber, de metabolizar; la carne de otro, del animal –o quizá del otro, en el sentido antropófago- se ingiere para asimilarlo, pero esto supone que el organismo lo transforma en otra cosa, es decir, se asimila el cuerpo extraño para obtener algo: energía. El cuerpo opera con un dominio. En el otro caso, el cuerpo es penetrado para ser destruido. Nancy dice que el cuerpo extraño compromete la integridad del cuerpo, lo somete, lo lastima (p. 124) …Piénsese en la crucifixión. Cualquiera de las lógicas es paradójico en el acto amoroso. En este el cuerpo extraño se mezcla, pero ni se asimila ni lastima: más bien hay incorporación y decoporación: “Amor significa enredo de dos, donde uno elude la trampa del otro” (Nancy 2008, 124).

El cuerpo, de acuerdo con Nancy, es uno, donde el alma se presenta, tanto como lo que le da forma –quizá como entidad existencial, sagrada, en el sentido que plantea Giorgio Agamben (2003)–, cuanto como algo que le ha interpenetrado: el cuerpo sin alma es un objeto muerto.

Ahora bien, Nancy se pregunta sobre si el propio cuerpo también es extraño. Lo es con relación a otros cuerpos; dicho de otro modo: cada cuerpo se distingue, y es ahí donde aparece la extrañeza. En la socialidad, el cuerpo, tanto por naturaleza, cuanto por norma, se distancia, toma distancia, y gracias a esta distanciación es que aparece la necesidad de la relación. Es decir, el cuerpo se forma desde lo exterior, en su relación, en su aprendizaje de lo exterior; pero la exterioridad no es total, más bien es entre-afueras, es decir, en el juego de interioridad que tiene el cuerpo y la exterioridad que se traduce en la piel; la sensación de cuerpo aparece en este entre-afueras, en ese estado ligado a la piel y a lo sensible. Empero hay que decir que el cuerpo no tiene contenido, ni de alma, ni de nada; se expone hacia su interior y es ahí donde nace el posible sentido de su trascendencia: gracias a la exploración de la interioridad es que aparece su propia extrañeza.

Esto mismo podría hablar de lo extraño. Nancy dice que el cuerpo es extranjero; se crea afuera, desde afuera, pero el interior le somete, le da algo más, que es la sensación de propiedad y autosuficiencia. Entonces, exterior e interior están relacionados. En el interior hay un espíritu que está en ligazón con lo inmanente, el alma. El espíritu abarca todo el cuerpo, está en su interior, como su fuera un extraño absoluto. Los procesos de descorporización shamánicas son un hacer dialogar el espíritu absoluto con otros espíritus, los cuales no están en el exterior, sino en el universo del espíritu. Mediante el deseo, el espíritu puede salir; esto también podría darse en el sueño. El espíritu, animado por el alma, trata de salir del cuerpo para ir en busca del sentido del mundo.

Nos damos cuenta de que el espíritu hace que el cuerpo se vea a sí mismo extraño porque el espíritu es ya extranjero: el problema radica, por ejemplo, en el encuentro amoroso, donde la prohibición de tocar al otro/a la otra, implica una serie de rituales de aproximación donde el espíritu está en vías de inflamación; allá vemos que el deseo impulsa; esto no sucede en otros encuentros. Pensemos: “Un cuerpo no es extranjero con respecto a los otros solamente por este acto de exposición. Es extranjero solamente porque es extranjero de sí mismo. …Es la extrañeza y la muy propia extrañeza de un alma que ha brotado, y es expulsada del no-lugar del espíritu” (Nancy 2008, 130). La extranjeridad de un cuerpo, supongamos el nuestro, es solo porque el alma ha provocado que el espíritu salga, y ella se ponga en el lugar del espíritu: ¿está acá la dimensión del místico?

La extrañeza del cuerpo es necesaria; he ahí la potencia de su vitalidad; por ello Nancy dice que el cuerpo es el extraño que viene por propia cuenta… en el proceso de la vida, en su salida a buscar otras exterioridades, en su manera de vivenciar esas exterioridades y de someterse a su propio encerramiento, aparece el hecho que se forma a sí mismo, es decir, su extrañeza la adviene. Ahí está el deseo. Lo que le viene es el deseo, viene de ser, o de constituirse en ser.

Obras citadas

Agamben, Giorgio. 2003. Homo sacer I: el poder soberano y la nuda vida. Valencia: Pre-textos.

Nancy, Jean-Luc. 2008. “Strange Foreign Bodies.” Lacanian Ink (32):122-133.

 

 


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Magíster en Estudios de la Cultura por la Universidad Andina Simón Bolívar – Ecuador. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Actualmente director del Centro de Investigaciones y Vinculación de la Universidad de Los Hemisferios. Es director de la revista científica ComHumanitas. Fue director de la Maestría de Comunicación Digital de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Los Hemisferios. Fue director de la Revista Razón y Palabra. Autor (entre otros) de Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk), Cartografías de la comunicación (2002) y Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004), Imaginando a Verne (2018) e Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018).

 


Foto portada: https://pixabay.com/es/photos/mujer-triste-la-depresi%C3%B3n-2609115/

Un comentario

  1. Clarita Guamán · · Responder

    Se hace más claro el hecho de que somos aquello que vivimos, que comemos, que leemos, que escuchamos; es decir, nos formamos desde afuera.

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