Cine autorreflexivo | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección Cultura, columna Punto de vista, Guayaquil, el 17 de noviembre de 2019)

 

Fotograma de «Dolor y gloria» (2019) de Pedro Almodóvar.

Pedro Almodóvar reflexiona sobre el cine con Dolor y gloria (2019). A diferencia de otras películas suyas, esta tiene que ver con la expresividad dentro del cine; es decir, cómo el este refleja el interior de un cineasta. Su filme en realidad es un autorretrato que, además, tiene algunos puntos de encuentro con el clásico de Federico Fellini, 8 y medio (1963).

Para el caso, Almodóvar articula dos asuntos que cruzan el trabajo del cineasta. En Dolor y gloria la crisis creativa que sufre su cineasta le lleva a preguntarse sobre la identidad. El primer asunto, en este marco, es una búsqueda en la memoria propia hasta encontrar la relación con su madre y el hallazgo del primer amor. El director hace un ejercicio hermenéutico, esto es, una reflexión que le lleva a explicar el por qué de su crisis cuando ya lo ha conquistado todo: es un afamado cineasta, tiene una vida plena de confort –aunque solitaria–, etc. El segundo asunto se desliza, de este modo, con lo que le angustia cuyo origen más bien es de carácter fisiológico: hay algo que le asfixia.

El título de la película: Dolor y gloria justamente alude a estos dos asuntos. Se trata de una dualidad que es como los dos horizontes que marcan a cualquier vida. Por algo el filme comienza incluso con la descripción sobre los achaques y la enfermedad y que va sintonizando con los colores del diseño propio de las escenas, tan contrastadas, tan exquisitas y al mismo tiempo, posmodernas. La explicación de la crisis creativa es la comprensión de la propia enfermedad. Y como tal, el camino creativo es el del dolor hacia la gloria. El retrato de un niño alerta de eso que no se puede decir, de ese encuentro con lo sensible-reprimido, es decir, de eso que le hace atragantar. En un momento de la vida algo que bloquea a un individuo es producto de otra cosa que no se terminó de comprender. Liberarse de ese recuerdo es también descubrir el posible camino de sanación.

Y como Dolor y gloria es cine dentro del cine, Almodóvar resuelve el conflicto creativo con la representación de la madre como imagen latente, como imagen además “hogar”. La vuelta a la memoria es el retorno a la morada, al cobijo, al agua –nótese al inicio del filme incluso al personaje dentro de la piscina–. El cine es la madre para Almodóvar; es el entorno que hace que lo sensible, lo espiritual, el espacio interior, se represente. Se podría decir que Dolor y gloria es una gran tesis sobre el cine como tal.

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