El reino no es de los mansos | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección Cultura, columna Punto de vista, Guayaquil, el 24 de noviembre de 2019)

 

Fotograma de «La lavandería» (2019) de Steven Soderbergh.

La cita bíblica reza más o menos así: “los mansos heredarán la tierra”. Esta es comentada por Antonio Banderas, cuando revela que una cosa es la utopía del paraíso soñado y otra el mundo placentero del capital financiero. Banderas, junto a Gary Oldman, interpretan a los abogados que fundaron una firma para ayudar a evadir impuestos y crear empresas fantasmas en paraísos fiscales. Ellos encarnan a un hecho sociopolítico representado en La lavandería (2019) de Steven Soderbergh.

Contrario a la cita bíblica, el filme demuestra que los mansos, la gente común y corriente, son, ahora, la materia del engaño de empresas que lucran con la pobreza, o son los sujetos de los especuladores para enriquecerse sin remordimiento.

La lavandería es una película de tesis: a partir del accionar de Mossack & Fonseca, muestra el funcionamiento del capitalismo actual. Las leyes solo favorecen a los poderosos, a quienes se enriquecen en detrimento de los que trabajan y tratan de vivir dignamente. Por las hendiduras de las leyes se filtran los avivados que facilitan a los ricos seguir ahondando el mundo de desigualdades que vivimos.

La lavandería alude al escándalo de los Panama Papers, un sistema de evasión fiscal que esconde a individuos que desprecian su responsabilidad social. La lógica del capitalismo es afianzar el monopolio del dinero, mediante la estafa. La premisa podría ser: hecha la ley, hecha la trampa. La gente implicada en la evasión y la repatriación del capital no piensa en el bien común. Los paraísos fiscales vendrían a ser los entornos que afianzan el egoísmo, la inmoralidad, una criminalidad soterrada por los cuales uno se pregunta si la máxima bíblica es un artilugio para seguir sustentando la desigualdad.

Soderbergh desnuda al capitalismo. Presenta a Jürgen Mossack y a Ramón Fonseca como abogados que hacen todo para que la transgresión sea la norma. Ellos vendrían a ser los símbolos de un comportamiento abyecto que se ha vuelto común. Así, el reino actual no es de inocentes o mansos. La tierra de hoy es heredada a los especuladores. La lavandería es una película política, aunque la industria del espectáculo diga que es una comedia más.

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