Convivir con la naturaleza | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección Cultura, Quito, el 11 de octubre de 2020)

 

Arte del filme: “Origen: espíritus del pasado” de Keiichi Sugiyama.

Un anime japonés, Origen: espíritus del pasado (2006), de Keiichi Sugiyama, nos invita a pensar sobre la necesidad de volver a convivir con la naturaleza. En el contexto actual, donde impera lo urbano, el cemento, la sobrepoblación que cada vez más va ocupando lo que eran los espacios naturales –antes aprovechados para el pastoreo o los cultivos–, el mensaje del filme es apropiado. Quizá otra película que conlleva similar preocupación es La guerra de los mapaches (Pompoko, 1994) de Isao Takahata, antes comentada en este espacio. Ambas cintas se pueden ver en streaming.

El argumento de Origen: espíritus del pasado nos sitúa en un futuro posapocalíptico. El mundo ha sufrido una destrucción por lo cual sus sobrevivientes deben vivir entre los despojos. Son comunidades que, aprovechando los pocos recursos que tienen para sí –como el agua–, y recuperando los restos útiles de los edificios devastados, tratan de respetar las leyes que impone el bosque, entidad fantástica que ahora posee una inteligencia y un comportamiento, a veces, hostil y otras, hospitalario.

En este contexto, la aventura por eludir el control del bosque por parte de unos adolescentes lleva al hallazgo de un antiguo centro donde están criogenizados individuos del presente siglo, entre ellos, una joven. La tensión se da cuando un viejo comandante, sobreviviente de la hecatombe, intenta restaurar el poder humano sobre la naturaleza.

A partir de estos elementos Sugiyama pone de manifiesto la lucha entre el bien y el mal, encarnado, el uno, en la joven que reflexiona sobre cómo se llegó al desastre e intenta hacer valer el sentido de la vida, y, el otro, con el militar para el cual la naturaleza debe ser dominada a toda costa. Lo sustancial es pensar si el poder, el racionalismo, la tecnociencia son factores que contribuyen a la prevalencia del mal.

El director expone que el ser humano debe ser humilde y prudente con sus pretensiones y dejarse más bien dominar por lo mismo que lo crea: la naturaleza. Su película trasunta intenciones ecologistas y pacifistas, cuyo mensaje tiene que ver con proteger el ecosistema y hacer consciente al espectador de que es parte de aquel y no a la inversa. Las imágenes de una Tierra y una Luna arruinadas abren el debate de hasta qué punto el ser humano es dueño y señor de lo que alguna vez le fuera legado y que gracias a la modernidad lo traiciona. La película, así, llama a la responsabilidad.

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