La nueva ciencia ficción de Ecuador, reunida en un solo volumen | Eduardo Varas

Por Eduardo Varas

(Publicado originalmente en periódico digital Primicias, Quito, el 13 de diciembre de 2020)

 

En esta antología, editada por Cactus Pink, los 11 relatos de escritoras y escritores presentes muestran una nueva generación de creadores interesados en un género que se suele dejar de lado.

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Las perseidas es el nombre que se le da esa lluvia de meteoritos que, cada año, entran a la Tierra, entre julio y agosto. Profusa, constante, visible para los astrónomos y para la gente que mira hacia el espacio.

Es eso que está arriba, que órbita, que se ve y que desaparece. Meteoritos que se ven en conjunto y como gotas individuales en un aguacero, que tienen presencia en el cielo cuando pasan y, caen, se consumen, se van. Pero por un momento, brillan.

Es la mejor metáfora para un género como la ciencia ficción, en un país como Ecuador. Porque presentar un libro que recopile el resultado de los talleres de escritura de ciencia ficción en Kafka Escuela de Escritores es hacer que algo brille con intensidad en su momento. A pesar de que luego se consuma.

El destino de todo libro es ese y es lo que es: que se lo lea, que se lo deje brillar ante los ojos de quien lo tengan en frente y listo. Que se lo deje a un lado, se lo guarde en un librero y ya. El daño ya está hecho.

Y nada mejor que eso suceda en el terreno de la ciencia ficción.

En ese sentido, Perseidas nueva ciencia ficción ecuatoriana (Cactus Pink, 2020) es un libro que recoge 11 relatos de distinta factura, muy distinta en ocasiones, la verdad. Pero hay un enfoque claro: mostrar lo que se puede hacer con este género, tomando elementos comunes de una educación sentimental influenciada por el cine y las historias que llegan de otros lados, cruzándolos con detalles que pueden salir de la idiosincrasia del país.

Una mezcla que hace que la ciencia ficción tenga una vida mucho más interesante, con sus propias particularidades, desde luego. Tal como lo nota Iván Rodrigo Mendizábal en el texto introductorio de la colección:

“Del conjunto, nos damos cuenta de que hay una sensación: el futuro para la ciencia ficción ecuatoriana prosigue, no es tan apocalíptico, al contrario, es el resultado, inquietante o no, con aciertos o desaciertos, del trabajo de los seres humanos que creen dominar la naturaleza, que se erigen como propios dioses, dueños de sus propias decisiones y destinos”.

Esa es una manera concisa de reflejar lo que sucede en el libro; pero, sobre todo, de sintetizar cierta moralidad detrás de la ciencia ficción. No como una advertencia, consejo o moraleja; pero sí como el reflejo de un punto de vista que mira con intensidad al mundo y deja que esa mirada se refleje en una ficción que especula.

Los detalles de las historias

En una antología hay siempre un carácter de arbitrariedad que hace que todo funcione. No todo estará ni debe estar al mismo nivel, no todo está mal. Es un juego de azar al que se somete la lectura.

Este libro no es la excepción. Así como hay textos grandiosos -y no solo bajo los criterios y estándares del género, sino por cómo la palabra ha sido trabajada para generar los entramados narrativos-, hay otros que no llegan a ese nivel.

Insisto con que esto no es un problema. En realidad es una condición importante de este tipo de volúmenes.

Aquí hay viajes en el tiempo, a un tipo de búsqueda de sosiego. También una pesadilla tecnológica gracias a implantes cerebrales que conectan a una pareja que está al borde de algo terrible. Existe un enfrentamiento entre extraterrestres en la Tierra, con una mujer embarazada en el medio. Una sátira sobre el mundo, en medio de una explosión nuclear como respuesta a una amenaza comunista global. Cartas enviadas desde universos paralelos, que se cruzan, que reflejan una dinámica de la que no se puede escapar.

Robots y cíborgs que toman las leyes de Asimov y las llevan al extremo, para generar una nueva humanidad.

Una abuela que le cuenta a su nieto la historia de su abducción, pero convierte el relato en algo mucho más profundo.

Una historia infantil y de fantasía, en la que unas niñas consiguen orbitar el planeta dentro de una pompa de jabón -quizás este el cuento que no se percibe como parte del conjunto-. Hay un relato en clave de thriller, sobre laboratorios, científicos y las presiones para crear un arma. Otro sobre un planeta del que no queda nada, solo vestigios de lo que una vez pasó por él. Y, finalmente, aquella en la que hay un sentido de inmortalidad que se enfrenta a la idea de que la muerte es necesaria.

Perseidas es un conjunto que funciona muy bien, especialmente por el trabajo de las narradoras incluidas aquí, como Cynthia Herrera -con Hacia un halo exoplanetar– e Isabel Tamayo -con Lo Eterno-. Un género como la ciencia ficción está vivo en el país y un libro, como un meteorito cayendo hacia la superficie del planeta, es evidencia de eso.

Queda un cráter, que se espera se siga llenando con más historias de estos autores y autoras.

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