Espíritu navideño | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, columna Punto de vista, sección Cultura, Quito, el 20 de diciembre de 2020)

 

Fotograma de «La nochebuena es mi condena» (2020) de Roberto Santucci Filho.

Pese a las condiciones actuales determinadas por la pandemia mundial, la vida continúa, así como el entretenimiento audiovisual. Un caso es la película brasileña La nochebuena es mi condena (2020) de Roberto Santucci Filho, que recuerda que no se puede abandonar el espíritu de la navidad cuando esta ha pasado a ser un ritual repetitivo y a veces sin sentido para muchos. El filme es un ejemplo de cómo la industria cultural latinoamericana aporta en reflexionar acerca de una festividad hoy por hoy también comercial.

La nochebuena es mi condena es sobre un padre de familia, con buena posición económica, con una familia como cualquier otra, que se toma la navidad como un día sin esencia –porque, además, aunque coincide con su cumpleaños, se muestra desinteresado por la celebración–, y hace las cosas por compromiso. Para él es un evento donde se encontrará con los familiares que vienen a cenar, para oír sus constantes argumentos o sus conflictos, para simular que está feliz, para incluso seguir el juego a su esposa que se esmera para hacer de la noche algo distinto. En síntesis: la navidad es la confluencia de los gastos, de las obligaciones, de rituales cansones, hasta que una advertencia, acaso divina, acaso fútil, proferida por uno de los familiares, y un accidente, pondrán al protagonista en el estado de un perenne bucle que le hace vivir la navidad hasta el futuro, incluso cuando este ya está viejo y ve a sus hijos ya maduros. ¿Ciencia ficción o fantasía?

Santucci Filho se decanta por la fantasía y presenta una película que al principio es hilarante, una comedia donde la idea es concienciar que el ser humano, si torna su vida en una rutina, pierde la esencia de lo que puede hacerle feliz. Claro está que pronto, con ese recurso de vivir la navidad en forma repetitiva –cumpliendo acaso el deseo que se oye a voces de que quisiéramos que la vida sea una eterna epifanía–, la historia se torna grotesca al punto de mostrar que una existencia, solo hecha de signos materialistas, no es más que monotonía llevada al extremo.

La nochebuena es mi condena tensa ese delicado hilo que la navidad pone de manifiesto en el mundo occidental: ser una fiesta que une a la familia con base a pequeños gestos o una fiesta donde se trata de mostrar el materialismo comercial imperante. Como película latinoamericana va más allá de los edulcorados productos hollywoodenses como si fueran la expresión visual más neta de la navidad. Santucci Filho propone un filme distinto, usando las estrategias del entretenimiento audiovisual ahora monopolizado por Netflix.

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