Soñar despierto, oír soñando: la novela “Sonámbula” de Patiño | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en revista digital Máquina Combinatoria, Quito, el 29 de julio de 2021)

Formado en los talleres de escritura creativa de Kafka Escuela de Escritura –emprendimiento literario-creativo-editorial ecuatoriano–, Frank Patiño pasa del cuento a la novela con su reciente obra, Sonámbula (Cactus Pink, 2021). Es una novela corta cuyo título podría no expresar nada o quizá llame la atención: alude a una mujer que, en efecto, es sonámbula. Y ¿qué más se puede decir de esta?

Sabemos que el sonambulismo es un trastorno particular que sufren algunas personas cuando duermen pero que realizan actividades como caminar, ir al baño o a la cocina, hacer alguna actividad, etc.; es decir, pareciera que no tuvieran conciencia de lo que realizan en tanto están en el proceso de sueño. La novela de Patiño logra que el sonambulismo sea el protagonista. Y es representada en uno de los personajes, Melania.

De hecho, en la trama de la novela, ella aparece cuando una pareja de jóvenes está socializando y aventurándose a llevar más allá su amistad. El aparecimiento es como una presencia que rompe con una supuesta aventura y tal presencia –valga la redundancia– es para tensionar y cuestionar las relaciones entre los jóvenes, lo que ellos ocultan, lo que ellos desean, lo que aspiran transgredir.

Sonámbula es sobre un trío. Dos mujeres y un hombre, todos en la frontera entre la adolescencia y la juventud. Son Nicole, Melania y Diego. Pronto sabemos que todos ellos se conocen, son amigos; en algún caso sabemos que Diego ha tenido alguna relación con Melania, y que ahora se interesa por Nicole. Puede parecer un juego cuando en alguna circunstancia se aprovecha el encuentro para ir más allá. Sin embargo, Patiño introduce el elemento disruptivo en esa especie de juego y la lleva a un nivel a veces provocativo, pues se insinúa la relación de tres, una que aprovecharía a que en el juego amatorio se integre a la otra, a la sonámbula.

Habría ciertos niveles de lectura en esta novela, Sonámbula. El primero, la relación entre jóvenes en una noche –o día, quién sabe– que parece banal, que parece cotidiana, hasta simple, donde está presente el juego de seducción, el juego de conocerse entre ambos, de hurgar con palabras insinuantes, con gestos acaso no intencionales, pero que pueden dar a lugar a interpretaciones ambiguas. Es una relación que demuestra que se conoce casi nada o muy poco del otro y que, en el intento de tratar de acercarse a este, entrambos, hay cuestiones ocultas, hay pasados, hay familia, hay fantasmas sociales. Mediante el texto de la obra, habría un intento de etnografiar una especie de aventura que pareciera casual pero que sabemos tiene intenciones amorosas.

El segundo, tiene que ver con el jugar amoroso en la novela. Allá está, en la trama, la sugerencia del trío amoroso, al mismo tiempo el deseo, quizá inconsciente, del intento de violación, al querer incluir a la sonámbula en la aventura. Desde este horizonte Patiño imprime un cierto tono erótico, aunque no se llegue a la descripción de nada y más aún de lo insinuado, pues, el autor rompe probablemente con cierto deseo morboso que quizá el lector trate de elaborarse en tanto sigue la historia. Lo interesante, en este contexto, es dejar librado a la imaginación cualquier cosa menos lo que se cree que es, recurso, por cierto, trabajado por Ernest Hemingway en su teoría del iceberg o estética de la omisión.

Y desde allá, desde la omisión, entramos a un tercer nivel, quizá el más interesante y problemático, pues Patiño se aventura a tratar de perfilarnos a cada uno de los personajes en sus zonas acaso no conocidas. La idea es que nos percatemos que estos jóvenes son aventureros, exploran sustancias, viven aparentemente en lo liminal, intentaron algo terrible, quizá por sus relaciones familiares, por las pocas experiencias que tienen y que inquieren conocerlas más. Patiño acá profundiza los deseos ocultos, las cosas no dichas, los vacíos y los silencios de cada cual. En este nivel, la trama se torna más intensa.

Cuando nos damos cuenta del anterior nivel, pronto caemos en cuenta que la presencia ineluctable de la sonámbula nos conflictúa; y este podría ser el cuarto nivel. Patiño ha hecho que nos introduzcamos en la aventura, pero cada vez nos hace concienciar que hay un sujeto perturbador que está allá. Es probable que tal sujeto perturbador, la sonámbula puede parecer un espejo del lector. Esta está –estamos– allá, como un cuerpo al que se quiere tocar, pero también un cuerpo que grita, que llama, que invoca su propia presencia –la sonámbula siempre está llamando a su amiga Nicole: “Nicollleee”. Su silencio dentro del sueño activo es inquietante. Quiebra los diálogos, los recuerdos acaso ominosos de los personajes: es como si nosotros también quisiéramos intervenir no en el juego, sino en hacer conscientes al par de transgresores.

Ahí percibimos que la sonámbula no es solo una figura, tampoco un desorden. Patiño pronto se decanta por lo fantástico. Melania, pese a que es un nombre común, tiene algo de fantástico: insinúa lo negro, lo oscuro –si nos fijamos en la etimología del nombre, además si conectamos que su raíz incluso nos conecta con la melatonina, sustancia u hormona que induce al sueño–. ¿Acaso hay la proposición de que, en un juego amatorio, en un juego erótico, lo oscuro también está presente, y cuando se lo toca, se puede lograr en fin la transgresión? Patiño nos deja con esta turbadora cuestión. Poniéndonos en el plano de los lectores que han sido desvelados con las ambigüedades de las relaciones humanas –recordemos la estética de Hemingway–, la novela Sonámbula, es un interesante ejemplo para saber incluso hasta qué punto todos escondemos algo.

Hay que señalar algo más: Sonámbula es una novela enteramente dialogada. No tiene descripción de escenas, no tiene ubicaciones declaradas, no hay paisaje, solo importa lo que se dice y de ahí lo que ocurre entre los jóvenes encontrando quizá lo oscuro, lo brumoso y lo velado. Patiño incluso nos rompe con la percepción de lo ocurrido o ideado hacia el final: ¿soñamos algo terrible siendo protagonistas de una relación que incluso la desconocemos? La novela abre interrogantes. Ese es su valor y quizá –en la lectura que propongo– un quinto nivel.


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la UASB-Ec. Magíster en Estudios de la Cultura por la UASB-Ec. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Profesor de la UASB-Ec. Escritor de artículos científicos en diversas revistas ecuatorianas e internacionales. Columnista de El Telégrafo (Ecuador), Suridea (Ecuador) y Amazing Stories (EE.UU.). Autor (entre otros) de: Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk, 2000); Cartografías de la comunicación (2002); Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004); Imaginando a Verne (2018); Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018), Imaginaciones científico-tecnológico letradas (2019) y Historias desde el futuro: ciencia ficción andina como antropología especulativa (2021). Capítulos de libros, entre otros: “El monstruo es del sur: más allá de la biopolítica” en Marginalia III, relecturas del canon literario (Carlos Alberto Castrillón y Juan Manuel Acevedo, comps., 2013); “YouTube y el documentalismo global: ecuatorianos en el proyecto Life in a Day” en El documental en la era de la complejidad (Christian León, ed., 2014); “Ciencia ficción ecuatoriana: las exploraciones del futuro de las nuevas generaciones” en El pez solo puede salvarse en el relámpago (Augusto Rodríguez, comp., 2020); “Análisis del discurso de lo político: notas para una metodología aplicada a Twitter” en Comunicación Política: Debates, estrategias y modelos emergentes (Sergio Rivera Magos y Bruno Carriço Reis, eds., México, 2020); “La ciencia ficción ecuatoriana (1839-1948)” en Historia de la ciencia ficción latinoamericana I. Desde los orígenes hasta la modernidad (Teresa López-Pellisa y Silvia G. Kurlat Ares, eds., España, 2020); “Political Dimension of Latin American Science Fiction” en Peter Lang Companion to Latin American Science Fiction (Silvia G. Kurlat Ares y Ezequiel De Rosso, eds. USA, 2021).

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