La utopía del arte según Bedoya |Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en revista digital Máquina Combinatoria, Quito, el 31 de agosto de 2021)

El dramaturgo y director teatral ecuatoriano, Francisco Bedoya, ha publicado Recolección de vivencias para sostener una guerrilla interna (Cactus Pink, 2021). Un título así pareciera invitar a leer un cuaderno de experiencias acerca del teatro, pero nos damos cuenta de que nos enfrentamos con una novela, hecho que, desde ya nos pone en otro plano de interpretación.

Recolección de vivencias para sostener una guerrilla interna en efecto es una obra que tiene ciertas claves que le hacen sugerente. De hecho, su trama tiene que ver con lo vivencial con un preso, en apariencia, político. Pero no es el típico político, sino un artista vinculado a un movimiento que ha pretendido en su momento horadar el campo político, si se le entiende a este un lugar excluyente, institucional, de poder. Los artistas, los músicos, los que harían teatro, etc., en el intento de impugnar al poder es posible que rocen dicho campo, desinteresados por formar parte de este –a menos que se interesen ya como actores concretos ligados a un quehacer político–, y más bien con la pretensión de ir más allá, no solo del orden institucional, sino también del campo social: digamos, sin querer plantear un concepto acabado de sus labores, que sus naturalezas serían más bien siempre dinamizadoras, reordenadoras, o en términos distintos, entrópicas: frente a un sistema organizado y estable, el arte tendría que bordear y ser el desorden, y la generación de nuevas conciencias.

La novela de Bedoya, en cierto sentido conlleva lo anterior. El personaje de inicio nos hace ver que forma parte de un grupo que se autodenomina G.A.L.A. Las siglas corresponden al supuesto Grupo Artístico de Liberación Armada, pero también es un juego de palabra que en el primer capítulo primero se explica con referencia a Gala, la esposa de Salvador Dalí. Parecería curiosa esta referencia porque sabemos que Gala –seudónimo de Elena Ivánovna Diákonova– fue inspiración y la que enrumbó definitivamente a Dalí salvándolo de la vida desenfrenada que él la calificaba de locura. Como breve apunte, en este marco, una interesante novela que refleja la relación y cómo Gala ayuda a Dalí en definir su arte y su vocación es Gala-Dalí (Espasa, 2016) de Carmen Domingo. Una pista, en todo caso, es justamente eso en la obra de Bedoya: una relación entre unos artistas callejeros, el de una pareja, uno que conforma una agrupación cuya bandera es la libertad de las ideas y de la expresión, y su compañera que llevará, al punto de la locura la búsqueda por hacer arte de la propia subversión. Habría una inversión de sentido que engloba tanto la referencia de Gala y Dalí, cuanto de la sigla del grupo que se plantea como uno de carácter guerrillero, sin olvidar la dupla de los personajes que van entretejiendo la trama. Hay también otros personajes finamente tejidos o definidos.

De este modo, la cuestión que está comprendida en Recolección de vivencias para sostener una guerrilla interna es mostrar la tensión entre quienes hacen arte funcional y aquellos que quieren que el arte sirva para el cambio social. El pretexto es hacer atentados con sello artístico en lo que será el Metro de Quito, proyecto que actualmente no se termina de construir en la ciudad capital. De alguna manera, Bedoya recoge una especie de sentimiento de frustración respecto de dicha obra, sus problemas y avatares, y los embrollos relacionados también a componendas políticas que impiden hasta ahora su finalización. Con todo, la novela es metareferencial y lo que importa es su atmósfera de suspensión, su atemporalidad, su configuración centrada en todo el activismo y la preparación de lo que podría ser los atentados artísticos, entendidos en la novela como acciones performativas que tendrían la misión de promover en la ciudadanía un sentido de reapropiación de la ciudad, pero, sobre todo, hacer que la gente conciencie la idea de la libertad.

Y he aquí que Bedoya ensaya una hipótesis –y esta es mi propuesta de lectura– en su Recolección de vivencias para sostener una guerrilla interna: si el arte debe tener como misión provocar conciencia de la libertad, una agrupación que abrigue el arte como horizonte, supondría que se establece como una comunidad utópica donde el arte sería su vehículo. Es la utopía del arte. Pero no vendría a ser la utopía positivista, en sentido de una que lleve a que el arte también sea, vía esteticismo, conciliador de lo sensible frente a la realidad. Por el contrario, un arte que provoque, que enardezca o active al ser mismo. Hay una especie de manifiesto entre las páginas de la novela, una que se dirige al público, donde se le pide que se dé cuenta de su día de nacimiento que vendría a ser también el día cero, el día también de su muerte.

Tal manifiesto se basa en la idea del aprovechamiento del mal como generador de energía vital. No es el bien el que forja, sino el mal que provoca que todo esté en movimiento, que no haya estabilidad eterna, sino caos, es decir, entropía. Se nace en medio de dolor y, para Bedoya, el momento del nacimiento es también de muerte, es decir, de un paso de un estado a otro. Leemos así:

“Eres una obra de arte y tienes que cambiar de estado de conciencia igual. Creamos. SOMOS EL ÚNICO SER CREADO QUE PUEDE CREAR. Como dioses creamos, genera arte, vuélvete algo precioso en el proceso, hazte memorable. Invita a los que quieras. Libera a los que quieras. Genera libertad. Vive el día cero”.

Nótese que el acto entrópico es un acto de creación; es la poiesis que debe concebir arte, es decir vida plena, vida liberada –¿no hay algo del sentido creador que discutía Octavio Paz en Los hijos del limo (1974)?–.

Theodor Adorno en Teoría estética (1970) al referirse al arte dice que este “quiere lo que aún no ha sido”; conlleva novedad y anticipación. Se muestra como un horizonte a soñar o pensar. Incita a estar inquietos o, mejor dicho, excitados. De cierto modo en Adorno el arte es utopía y él mismo lo afirma de este modo: “Utopía es cada obra de arte en la que medida que anticipa mediante su forma lo que finalmente ella misma sería, y esto coincide con la exigencia de anular el hechizo de la mismidad que el sujeto difunde”. ¿Lo que propone Bedoya se entronca con estos postulados en su novela? Él idea una agrupación que debe salir del quietismo; sus componentes, artistas, actores, no pueden quedar en la sola representación de algo, deben llevarlo a que se haga posible en la realidad: por lo tanto, en el G.A.L.A. hay la intención utópica, es decir, de bordear lo que aún no ha sido, aunque se sabe que hágase lo que se haga, “el arte es ya ha sido” en sentido de Adorno, es decir, si hay algo de nuevo, también hay algo del trazo de la historia, de la realidad que se vive, del campo político ya fundado.

La utopía del arte en Adorno es “lo que aún no existe”, tiene negatividad, tiene mal; sufre la represión de lo real –lo parafraseo–, pero intenta impugnar imaginariamente a la historia que es catástrofe, a través de la rehabilitación de la libertad que no cae en necesidad –es decir, de institucionalizarse–, sino en lo que tendría que ser, en promesa. Recolección de vivencias para sostener una guerrilla interna es una interesante novela para debatir en tiempos actuales.


Iván Fernando Rodrigo Mendizábal. Doctor en Literatura Latinoamericana por la UASB-Ec. Magíster en Estudios de la Cultura por la UASB-Ec. Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad Católica Boliviana San Pablo. Profesor de la UASB-Ec. Escritor de artículos científicos en diversas revistas ecuatorianas e internacionales. Columnista de El Telégrafo (Ecuador), Suridea (Ecuador) y Amazing Stories (EE.UU.). Autor (entre otros) de: Análisis del discurso social y político (junto con Teun van Dijk, 2000); Cartografías de la comunicación (2002); Máquinas de pensar: videojuegos, representaciones y simulaciones del poder (2004); Imaginando a Verne (2018); Imágenes de nómadas transnacionales: análisis crítico del discurso del cine ecuatoriano (2018), Imaginaciones científico-tecnológico letradas (2019) y Historias desde el futuro: ciencia ficción andina como antropología especulativa (2021). Capítulos de libros, entre otros: “El monstruo es del sur: más allá de la biopolítica” en Marginalia III, relecturas del canon literario (Carlos Alberto Castrillón y Juan Manuel Acevedo, comps., 2013); “YouTube y el documentalismo global: ecuatorianos en el proyecto Life in a Day” en El documental en la era de la complejidad (Christian León, ed., 2014); “Ciencia ficción ecuatoriana: las exploraciones del futuro de las nuevas generaciones” en El pez solo puede salvarse en el relámpago (Augusto Rodríguez, comp., 2020); “Análisis del discurso de lo político: notas para una metodología aplicada a Twitter” en Comunicación Política: Debates, estrategias y modelos emergentes (Sergio Rivera Magos y Bruno Carriço Reis, eds., México, 2020); “La ciencia ficción ecuatoriana (1839-1948)” en Historia de la ciencia ficción latinoamericana I. Desde los orígenes hasta la modernidad (Teresa López-Pellisa y Silvia G. Kurlat Ares, eds., España, 2020); “Political Dimension of Latin American Science Fiction” en Peter Lang Companion to Latin American Science Fiction (Silvia G. Kurlat Ares y Ezequiel De Rosso, eds. USA, 2021).

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