Las sutilezas de la violencia de género | Iván Rodrigo Mendizábal

Por Iván Rodrigo Mendizábal

(Publicado originalmente en diario El Telégrafo, sección Cultura, el 25 de noviembre de 2018)

 

Fotograma de El Viajante de Ashgar Farhadi.

Un hecho siempre actual es la violencia contra la mujer. El escenario sería el hogar –y otras instituciones–, donde la violencia marca las relaciones de pareja. Un ejemplo lo hallamos en la ganadora del Óscar de 2017 a la Mejor Película Extranjera –además de otros galardones internacionales–, la iraní El viajante (2016), de Ashgar Farhadi.

La historia es sobre una pareja que arrienda un departamento anteriormente ocupado por una mujer. Una noche, creyendo que el esposo llega, la consorte responde al portero eléctrico y deja entrar a un desconocido el cual la golpea mientras ella está por tomar un baño. Lo posterior es el obsesivo camino que opta el hombre para vengar el hecho.

Estamos en Irán, país donde la mujer no tiene las mismas garantías que los hombres, lo que se manifiesta en la dificultad de denunciar el hecho dadas ciertas políticas sociales. El asunto se complica más porque detrás del suceso está un equívoco: el agresor en realidad quiso quitarse de encima a la anterior arrendataria, con quien tuvo una relación extramatrimonial. Así nos enteramos de que a esa otra mujer, de la cual solo sabemos que ha dejado sus prendas, se la cree una prostituta que vivió en una zona residencial.

Sin embargo, lo esencial que esconde la trama es que la mujer no puede ser vista. El agresor confunde a la otra mujer con aquella que se baña, y el marido toma la decisión de vengar la afrenta, no tanto porque su esposa haya sido atacada, sino porque piensa que el agresor la vio desnuda. Una red de problemas está detrás de estos hechos: el silencio al que son sometidas las mujeres cuando son atacadas, el miedo a que públicamente se conozca la agresión poniendo en entredicho la autoridad masculina como dueña del hogar, el posicionamiento del hombre frente a su esposa y sus vecinos para demostrar su poder ante quien osó ver a la esposa en otra condición, etc.

El camino por el que opta el marido, en este contexto, es la humillación del agresor cuando es descubierto. Pero en este proceso se muestra que la violencia se torna contra todo de forma sutil. Aunque el pretexto es vengar a la esposa agredida, de lo que se trata es de humillar al agresor ante su familia, ante la sociedad y ante la propia consorte para restaurar el poder masculino sobre la esposa. Así, El viajante de Farhadi denuncia que en la sociedad iraní sigue la dominación masculina. (O)

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